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Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta… Filipenses 3:13-14

AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta… Filipenses 3:13-14

Por: Alfredo García

Juan Garrigó renunció como viceministro administrativo de la Presidencia para dedicarse a tiempo completo a la Secretaría General del Partido Revolucionario Moderno, en un ejercicio de desprendimiento poco usual en la política vernácula.

De esta manera, el político expresa su intención de poner los intereses del partido por encima de los propios, al tiempo que envía un contundente mensaje de que cuidará la institucionalidad con devoción sacerdotal.

Si bien es cierto que el hecho fue aplaudido en su entorno inmediato, no es menos cierto que otros lo vieron con ojerizas o como un error que traería como consecuencia la disminución de su poder.

Sin embargo, los que así piensan evidencian una mentalidad cortoplacista carente de mirar más allá de la curva y de pensar fuera del marco, a razón de que están midiendo en función de coyunturas pasajeras e inmediatistas, en lugar de entender la trascendencia del mensaje enviado por Juan.

Y es que dicha renuncia, más que un acto de desprendimiento, fue un manifiesto contundente que expresa la clara visión a futuro que tiene Garrigó de cara al fortalecimiento del PRM, lo cual redundará en una mayor consolidación del sistema de partido.

Asimismo, traerá como resultado que su gestión propicie una mayor conexión social del partido con sus bases, permitiendo ensanchar el radio de acción del PRM en la sociedad en general.

Al salir del Gobierno, Juan denota el compromiso absoluto que tiene por enfocarse en su trabajo, al tiempo que se aleja de todo tipo de distracciones que pongan en tela de juicio que su prioridad no es otra cosa más que estar a la altura del momento histórico que le ha tocado liderar.

Ciertamente, los compañeros del partido tendrán en el nuevo secretario general, como siempre lo han tenido, a un dirigente cercano, noble y solidario a quien podrán llegarle sin protocolos mayores siempre que dispongan de los mejores intereses en aras de compactar la maquinaria institucional y fortalecer la unidad del partido.

Evidentemente, el joven político deja claro su deseo de querer hacerlo bien, pero sobre todo deja ver con claridad que desde el primer momento empezará a trabajar en la construcción de un legado que pavimente los éxitos del partido en los próximos certámenes electorales.

Otro aspecto para tomar en consideración es que con el advenimiento de Juan Garrigó también se llena de esperanza el sistema partidario que ha venido a menos como resultado de la campaña de descrédito de los últimos años por sectores que buscan detonarlo.

Por consiguiente, hay que convenir que no solamente el PRM se beneficia con su participación en su puesto de secretario general, sino que su impacto esperanzador tiene un radio de acción más allá de lo que se pudiera pensar en lo inmediato.

Amén de que estaría consolidando una nueva era en la que se avizora una renovación con jóvenes capacitados en las universidades, pero con una vocación de servicio propia de quienes quieren conocer las necesidades más perentorias de la gente, en procura de transformar sus acciones en resultados de bienestar social.


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