OpiniónCuando la tarjeta sustituye al salario.

Cuando la tarjeta sustituye al salario.

AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. 

Por Mihail García

La semana pasada, la Fundación Juan Bosch, en colaboración con la Facultad de Economía y el Instituto de Investigación Socioeconómico, presentó una interesante investigación sobre el uso de las tarjetas de crédito en nuestro país.

Las informaciones y datos suministrados en este trabajo desnudan una realidad de la cual ya habíamos hecho mención en otros artículos, pero que, con la evidencia presentada, pasa de ser duda a realidad dura que golpea la dignidad de un puñado de ciudadanos que, literalmente, sobreviven cada mes.

El primer dato aportado, y quizás la premisa principal que dio origen a la hipótesis de la investigación, es la diferencia entre el salario promedio de los cotizantes en el sector formal (RD$37,525.00) y el costo de la canasta básica familiar (RD$48,542.00), lo cual confirma, como ya hemos dicho otras veces, que en general el dominicano vive en déficit.

Para llegar a fin de mes, un dominicano debe buscar, en promedio, más de 11 mil pesos adicionales, lo que hace que, en el mejor de los casos, culmine el año con una deuda —sin contar los intereses— de 132 mil pesos.

¡Una locura!

Pero lo peor no es eso. Lo peor, estimados lectores, es que, según el informe, el 62% de los nuevos créditos (TC) otorgados fue a personas con ingresos menores a 32 mil pesos, y que, a junio de 2025, la deuda promedio en tarjetas de crédito de las personas que ganaban de 0 a 12 mil pesos alcanzó 4.8 veces su ingreso formal, mientras que el incremento en sus líneas de crédito fue 17.5 veces mayor a su salario.

Es decir, como señala la investigación: «…la expansión del crédito no está siendo impulsada únicamente por una mayor demanda de financiamiento por parte de los hogares, sino también por una política de otorgamiento de límites cada vez más amplios a segmentos cuya capacidad de pago es objetivamente reducida».

A partir de estos datos, resulta difícil concluir otra cosa que no sea que, conscientemente, los bancos están apostando a que las personas de menores ingresos se sobreendeuden, a sabiendas de que no podrán pagar y tendrán que financiar su deuda pagando el «mínimo», con intereses de un 58% en promedio.

Esto se confirma cuando la propia investigación señala que los segmentos de ingresos menores a 32 mil, y específicamente los de menos de 12,500, lideran el pago mínimo y la morosidad.

En contraste con esta información, las notas de prensa oficiales sobre el Sistema Financiero se limitan a esconder, bajo titulares grandilocuentes, la difícil situación de los dominicanos.

¿De qué sirve anunciar con bombos y platillos que hubo un aumento en la cartera de créditos, o que el número de tarjetahabientes creció, si en la mayoría de los casos el uso que se le está dando a este instrumento no es para lo que fue concebido, sino como una extensión del salario para cubrir un déficit recurrente provocado por una inflación que, en general, ha superado el rango meta de 4% +/- 1% en 3 de los últimos 6 años, y que, en el caso de los alimentos, a julio de este año supera en 5.8% el promedio de inflación mundial para ese rubro?

Es evidente que esos anuncios dejan claro que las autoridades hacen suyas las palabras de Guy Debord en su obra La sociedad del espectáculo, cuando afirma que «en el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso».


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