Articulo / Paul Almánzar Hued.-
“En medio de la tormenta, no se define el tamaño del problema, sino la firmeza del timonel.”
Hay momentos en la historia en los que gobernar no es administrar… es resistir.
El presidente Luis Abinader asumió la conducción de la República Dominicana en uno de los contextos más complejos de las últimas décadas. No recibió un país en condiciones normales, sino en medio de una pandemia global que paralizó economías, cerró fronteras y sembró incertidumbre en todos los niveles de la sociedad.
Apenas comenzaba la recuperación, el mundo fue sacudido por la guerra entre Rusia y Ucrania, alterando cadenas de suministro, elevando costos de alimentos, combustibles y materias primas. Luego, tensiones comerciales internacionales, políticas arancelarias impulsadas desde Estados Unidos en distintos momentos, y ahora nuevos focos de conflicto geopolítico como la situación con Irán, han seguido presionando la estabilidad global.
A esto se suman crisis menos visibles pero igual de determinantes: inflación importada, endurecimiento de las tasas de interés internacionales, desaceleración de economías clave, y el desafío permanente de un entorno regional complejo.
Cada una de estas situaciones ha tenido un impacto directo: encarecimiento del costo de vida, presión sobre el gasto público, limitaciones en la inversión y tensiones en el aparato productivo. No son variables abstractas; son realidades que afectan el día a día de la gente.
Sin embargo, lo que define este periodo no es la crisis… es la forma en que se ha enfrentado.
Aquí es donde entra el estoicismo.
Un liderazgo que no se quiebra ante la presión, que no actúa desde la desesperación, que no improvisa desde el miedo. Un liderazgo que entiende que gobernar en tiempos difíciles exige templanza, prudencia y carácter.
Bajo esa lógica, el gobierno ha mantenido el rumbo. Se ha protegido la estabilidad macroeconómica, se ha preservado la confianza internacional, se ha sostenido el crecimiento dentro de las posibilidades del contexto y, sobre todo, se ha evitado que la incertidumbre se convierta en caos.
Como bien ha señalado en sus análisis Ito Bisonó, cada gobierno enfrenta sus propias crisis. Pero no todos logran conducirlas con equilibrio.
Y en este caso, hay algo que no se puede negar: la República Dominicana no se detuvo.
Seguimos avanzando con esperanza, con vigor, con expectativas… y también con orgullo.
Porque si fuimos capaces de superar una pandemia cuando el mundo entero estaba paralizado, también seremos capaces de superar este nuevo escenario global.
No es momento de dudas, es momento de firmeza.
Y en lo personal, lo digo con claridad: respaldaremos al presidente hasta el último momento. No por compromiso político, sino por convicción.
Porque ha demostrado ser un hombre honesto, competente, responsable, sensible y profundamente humano.
Pero, sobre todo, porque ha demostrado algo más difícil de encontrar en tiempos de crisis:
Amor genuino por su país.
Y hoy, a viva voz, podemos decirlo sin reservas: en la República Dominicana, hemos avanzado.


