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Elías Báez y el desafío de dirigir la DIDA: entre la experiencia política y la defensa de los afiliados

AGENDA ORIENTAL.

Por Julio César García Mazara

Analista social y especialista en geopolítica

 La gestión de Elías Báez al frente de la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados a la Seguridad Social (DIDA) comienza a mostrar resultados que merecen ser analizados con objetividad. El crecimiento de los servicios de orientación y defensoría, el aumento de las reclamaciones atendidas, la expansión de los monitoreos a prestadoras de servicios de salud y el fortalecimiento de las acciones de promoción y capacitación reflejan una institución con una actividad cada vez mayor y una presencia más cercana a los afiliados.

Estos resultados adquieren mayor relevancia al observar el proceso de transformación que ha venido experimentando la institución bajo la dirección de Elías Báez De los Santos, quien asumió el cargo mediante el Decreto núm. 615-24, emitido por el Poder Ejecutivo en octubre de 2024.

Más que detenernos únicamente en su trayectoria política y profesional, resulta pertinente evaluar qué está haciendo la DIDA bajo su dirección, cuáles resultados puede exhibir y cuáles son los desafíos que todavía tiene por delante.

Porque, en una institución cuya misión es informar, orientar y defender a los afiliados, la verdadera evaluación de su director debe partir de una pregunta sencilla, pero fundamental:

¿Qué tan efectiva está siendo la DIDA para proteger los derechos de los ciudadanos?

La respuesta debe encontrarse en los resultados.

La DIDA tiene una responsabilidad que no puede reducirse a ofrecer información. Su marco institucional establece que debe informar y orientar a los afiliados, recibir y tramitar reclamaciones, brindar acompañamiento jurídico y estudiar la calidad y oportunidad de los servicios ofrecidos dentro del Sistema Dominicano de Seguridad Social.

En otras palabras, la DIDA tiene que estar del lado del ciudadano.

Y esto adquiere mayor importancia cuando se trata de personas que llegan a la institución porque tienen un problema: un paciente al que le han negado una cobertura, un trabajador que descubre irregularidades en sus aportes, un pensionado que no logra obtener una prestación o una familia que desconoce que tiene derecho a reclamar recursos depositados en una AFP.

Los resultados de 2025 merecen ser reconocidos.

La Memoria Institucional 2025 presenta cifras que merecen ser observadas con objetividad.

Durante ese año, la DIDA reportó haber impactado a 1,438,490 personas afiliadas y no afiliadas al SDSS, mediante sus servicios de información, orientación, asesoría y defensoría. Estas acciones, según la institución, generaron un ahorro de gasto de bolsillo superior a RD$65.8 millones.

Otro dato particularmente significativo es la gestión de recuperación de más de RD$419.5 millones provenientes de las AFP, correspondientes a fondos vinculados a miles de familias que desconocían su derecho a reclamarlos.

Asimismo, durante 2025 fueron recibidas y atendidas 21,340 quejas, reclamaciones y denuncias, logrando una respuesta satisfactoria para más de 20,000 personas, según la memoria institucional.

Estas cifras no deben utilizarse como argumento propagandístico. Pero tampoco sería correcto ignorarlas cuando se pretende hacer una valoración seria de la gestión.

La administración pública debe evaluarse con datos, y los datos deben ser reconocidos tanto cuando favorecen como cuando cuestionan una gestión.

La tendencia continúa en 2026.

Los resultados del primer semestre de 2026 agregan un elemento importante a esta evaluación: los servicios de la DIDA mantienen una tendencia de crecimiento.

Entre enero y junio de 2026, el Servicio de Orientación y Defensoría sobre el Sistema Dominicano de Seguridad Social alcanzó 824,218 atenciones, frente a las 696,489 registradas durante el mismo período de 2025. Esto representa un incremento de 18.34 %.

También aumentaron las quejas, reclamaciones y denuncias, que pasaron de 10,458 a 12,004, para un crecimiento de 14.78 %. Las asesorías médicas, por su parte, aumentaron un 19.23 %, al pasar de 4,941 a 5,891.

Estos datos son importantes porque muestran algo más que crecimiento estadístico: reflejan una mayor utilización de los servicios de la institución por parte de los ciudadanos.

También crecieron los servicios relacionados con los históricos de aportes a la seguridad social, que pasaron de 31,084 a 36,710, equivalente a un incremento de 18.10 %. Las certificaciones de aportes aumentaron de 6,011 a 6,965, para un crecimiento de 15.87 %.

En los servicios digitales vía chat y chatbot también se registró crecimiento, al pasar de 23,227 a 23,562 atenciones.

La expansión no se limitó a la atención directa. Durante el primer semestre de 2026 fueron monitoreadas 360 prestadoras de servicios de salud, entre clínicas, hospitales, farmacias y centros de primer nivel de atención, frente a 229 en igual período de 2025. Esto representa un incremento de 57.21 %.

Las encuestas aplicadas a afiliados en esas prestadoras también aumentaron considerablemente: de 2,232 a 3,704, equivalente a un crecimiento de 65.95 %.

En materia de promoción y capacitación, la DIDA desarrolló 667 actividades durante el primer semestre de 2026, entre charlas, talleres, diplomados y operativos de orientación. En igual período de 2025 se habían realizado 518, lo que representa un crecimiento de 28.76 %.

Pero quizás uno de los datos más significativos es el número de personas impactadas mediante estas actividades: 10,712 en 2026 frente a 6,866 en 2025, para un incremento de 56.01 %.

Si estos resultados son analizados conjuntamente, muestran una institución con mayor demanda, mayor presencia y un crecimiento importante en sus áreas misionales.

Durante 2025 se realizaron 556 monitoreos a prestadoras de servicios de salud, con 5,347 encuestas. La institución reportó un nivel promedio de satisfacción de 98.04 % entre los usuarios encuestados.

Es un resultado positivo, pero también debe servir para elevar la exigencia.

Una institución de defensa de derechos no debería medir su éxito únicamente por la cantidad de personas atendidas. También debe preguntarse cuántos conflictos fueron solucionados, cuántas vulneraciones fueron evitadas y cuántos ciudadanos lograron obtener efectivamente las prestaciones que les correspondían.

La verdadera dimensión de la DIDA no está solamente en cuántas personas recibe, sino en cuántas personas logra defender.

La tecnología no puede sustituir la sensibilidad humana.

La modernización también forma parte de esta nueva etapa.

La DIDA implementó el programa “Ya No Estás Solo: DIDA 24 Horas Contigo”, ampliando la disponibilidad de sus servicios de información y orientación virtual. La institución reportó un incremento del 30 % en estos servicios e incorporó a DIANA, un chatbot de atención ciudadana disponible las 24 horas.

La digitalización puede representar un avance importante. Facilita el acceso y reduce tiempos de espera.

Pero existe una advertencia que no debe perderse de vista: modernizar el Estado no significa deshumanizarlo.

Hay ciudadanos, especialmente adultos mayores, personas con discapacidad o sectores con menor acceso a la tecnología, que necesitan hablar con una persona, explicar su situación y sentirse acompañados.

La tecnología debe ser una herramienta para acercar la DIDA al ciudadano, nunca una excusa para alejarla.

El desafío está planteado.

Los resultados de 2025 y el comportamiento de los primeros seis meses de 2026 muestran una tendencia que merece ser reconocida: crecimiento en las atenciones, aumento de las reclamaciones procesadas, mayor cantidad de monitoreos a prestadoras de servicios de salud y una expansión importante de las actividades de promoción y capacitación.

Pero una gestión pública responsable nunca debe conformarse con sus propios indicadores.

El desafío de Elías Báez es convertir esos números en algo mucho más importante: confianza ciudadana.

Que un trabajador sepa dónde acudir cuando una ARS le niegue una cobertura. Que un pensionado conozca sus derechos. Que una familia pueda reclamar los recursos que legalmente le corresponden. Que un afiliado pueda denunciar una irregularidad y recibir seguimiento.

Y, sobre todo, que cuando un ciudadano sienta que el sistema le ha fallado, la DIDA sea el lugar donde encuentre una institución dispuesta a defenderlo.

Al final, la gestión de un funcionario público no debería medirse solamente por su trayectoria política, sus discursos o sus relaciones institucionales.

Debe medirse por el impacto de su trabajo en la vida de la gente.

 


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