AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
ESCRITO POR: África Dicent
El respeto y el liderazgo tienen algo en común: no se heredan, no se compran y tampoco se imponen.
Se construyen.
Se construyen con años de trabajo, disciplina, coherencia y resultados. Con la capacidad de transformar realidades y dejar una huella positiva en la vida de las personas.
Por eso no todos los liderazgos son iguales.
Algunos nacen de los discursos.
Otros de la popularidad.
Pero los más sólidos nacen del trabajo constante, de enfrentar desafíos reales y de obtener resultados que la gente puede ver y comprobar.
Carolina Mejía pertenece a ese grupo.
Su trayectoria no ha sido la de una figura que aparece cada cuatro años para pedir confianza. Ha sido la de una mujer que ha asumido responsabilidades, ha enfrentado retos complejos y ha demostrado que gobernar depende más del carácter, la preparación y la vocación de servicio que de cualquier otra condición.
Y es precisamente ahí donde surge una reflexión que como país no podemos seguir posponiendo.
Después de más de 180 años de vida republicana, la República Dominicana aún no ha elegido una mujer para ocupar la Presidencia de la República por la voluntad directa del pueblo.
La pregunta ya no es si una mujer puede gobernar.
Miles de mujeres dominicanas responden esa pregunta todos los días dirigiendo empresas, instituciones, comunidades y familias con capacidad y excelencia.
La verdadera pregunta es:
¿Estamos preparados para reconocer que el liderazgo no tiene género?
No se trata de elegir una mujer por ser mujer.
Se trata de reconocer cuándo una mujer ha demostrado estar preparada para liderar.
Y cuando una persona reúne experiencia de gestión, cercanía con la gente, capacidad de construir consensos y una trayectoria comprobable de trabajo, ignorar esa realidad por costumbre o tradición sería un error.
Carolina Mejía representa mucho más que una candidatura.
Representa la posibilidad de abrir una nueva página en la historia nacional.
Representa el mensaje de que nuestras hijas pueden aspirar a los más altos niveles de liderazgo.
Y representa la oportunidad de demostrar que la República Dominicana evalúa a las personas por sus capacidades y no por los límites que durante décadas les impuso la historia.
Los cargos se otorgan.
La popularidad cambia.
Las campañas terminan.
Pero los momentos que transforman una nación permanecen para siempre.
Quizás ha llegado el momento de dar ese paso.
No porque Carolina Mejía sea mujer.
Sino porque ha demostrado que tiene las condiciones para liderar.
Y porque cuando la capacidad, la experiencia, el trabajo y el compromiso coinciden en una persona, la historia deja de ser una barrera y se convierte en una oportunidad.
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