AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Por Tony Peña Guaba
En las últimas semanas he compartido con los lectores reflexiones que no han sido complacientes, pero sí necesarias. República Dominicana: del subdesarrollo al referente continental, La percepción negativa del dominicano y El precio de la democracia han tenido un hilo común: decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a expresar con responsabilidad. Hoy continúo ese ejercicio con un título que, por sí solo, exige valentía: Verdades incómodas.
Vivimos en la era de la sociedad líquida y de la audiencia. Es el tiempo de “pegarse” —en la política, en la música y en múltiples espacios— sin que necesariamente medien el talento, la preparación o el mérito. En ese contexto de superficialidad y urgencia, las sociedades comienzan a descomponerse cuando renuncian a decirse la verdad. Se refugian en burbujas cómodas, alimentadas por silencios cómplices y evasiones calculadas.
Una parte importante de los principales sectores de la vida nacional ha optado por evitar los temas difíciles. No porque no existan soluciones, sino porque son incómodos, no generan aplausos inmediatos o evidencian las falencias de actores influyentes. Así, asuntos estructurales quedan postergados indefinidamente.
Hablemos claro. El costo de la vida presiona a millones de familias y exige un debate honesto. La educación de calidad no puede seguir tratándose de manera superficial; requiere una discusión profunda y responsable con actores clave como Educa y la ADP, lejos de consignas y prejuicios. El voto preferencial, tal como está concebido, ha abierto puertas para que personas de origen dudoso, respaldadas únicamente por dinero, accedan a espacios de poder, debilitando la institucionalidad y la confianza ciudadana.
Del mismo modo, el país necesita una reforma tributaria integral que elimine privilegios y exenciones innecesarias, aplique justicia en el cobro de impuestos y reduzca de manera efectiva la evasión fiscal. No es razonable aspirar al desarrollo mientras una parte significativa de la sociedad evade sus responsabilidades y el Estado depende cada vez más de préstamos internacionales para sostenerse.
A esto se suma un tema sensible, pero impostergable: una migración responsable. No se trata de discursos de odio ni de exclusión, sino de orden, legalidad y seguridad. Todo país serio necesita saber quién entra a su territorio, con qué propósito y bajo qué condiciones. Visa, permisos de trabajo y registros claros no son caprichos; son herramientas básicas de gobernanza.
El gobierno ha intentado abrir la discusión sobre algunas de estas iniciativas, pero diversos sectores han bloqueado el debate real. Y entonces surge la pregunta que no podemos seguir esquivando: ¿hasta cuándo vamos a vivir hablándonos mentiras y sin actuar? ¿Cómo puede avanzar una sociedad donde una parte significativa evade impuestos, se tolera una educación deficiente y se defienden privilegios irritantes como si fueran derechos adquiridos?
Estas verdades incómodas no pretenden dividir, sino despertar conciencia. Precisamente por eso hemos decidido llevar este debate a un nuevo espacio de diálogo: un podcast titulado “R.D. 2044, hacia el bicentenario de la República”. Un ejercicio de pensamiento país, cuando cumplamos 200 años de vida republicana y constitucional.
Que ese 2044 nos encuentre más cerca del ideal que soñó el patricio Juan Pablo Duarte: una República verdaderamente libre, soberana y, sobre todo, para todos. Decir la verdad puede incomodar, pero callarla nos condena a repetir los mismos errores. Y el país ya no puede darse ese lujo.
