SeNaSa: El golpe silencioso que están sintiendo las familias de Santo Domingo Este

AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.

Escrito Por: Dulcenis Trinidad
Miembro Dirección Central FP

En Santo Domingo Este hay un tema que está tocando cada puerta sin hacer escándalo, pero cambiando la vida de miles: la crisis de SeNaSa. Lo que antes era un seguro confiable, hoy se ha convertido en una lotería de esperas, excusas y puertas cerradas. Un sistema que alguna vez dio tranquilidad, ahora está atrapado entre déficits millonarios, auditorías incómodas y decisiones que dejan más preguntas que respuestas.

Solo este año, más de 875 mil servicios han pasado por SeNaSa, y el sistema está colapsando a la vista de todos. Los centros de salud no dan abasto, las farmacias se quedan sin inventario, y familias enteras, madres solteras, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, trabajadores informales, están viviendo con el miedo real de no encontrar atención cuando más la necesitan.

Y aquí, en Santo Domingo Este, ese golpe se siente tres veces más fuerte, porque somos uno de los municipios más poblados y con más afiliados del régimen subsidiado. Aquí la falla de SeNaSa no es un titular, es una crisis diaria. 7 de cada 10 personas que dependen del régimen subsidiado viven con enfermedades que no pueden esperar: presión alta, diabetes, asma, embarazos de alto riesgo. Para ellos, cada retraso no es un simple inconveniente, es una amenaza.

Ya no estamos hablando de un problema individual. Es un dolor colectivo, en Los Frailes, una madre que no consigue la insulina; en Cancino, un abuelo que no logra cita; en Villa Duarte, un niño que necesita estudios que nunca llegan. Todos cargando la misma frustración.

Mientras tanto, las “soluciones” que llegan son parches: operativos temporales, jornadas móviles, visitas puntuales… y luego, todo vuelve a lo mismo. Pero la verdad es contundente, la salud no puede ser un favor, ni un operativo de fin de semana. La salud es un derecho. Punto.

Este momento exige algo más que quejas y discursos vacíos. Exige responsabilidad, firmeza y voluntad política real. Exige que quienes toman decisiones rindan cuentas. Exige que no se juegue con la vida de la gente. Exige liderazgo que no tenga miedo de señalar lo que está mal y de proponer soluciones concretas.

Porque la pregunta que todos nos hacemos es la misma.

¿Quién responde cuando SeNaSa no responde?

Y mientras llega esa respuesta, si es que llega, nuestras comunidades siguen enfrentando la realidad más dura, que las familias, cansadas de esperar, se ven obligadas a resolver por sus propios medios. Porque cuando el sistema falla una y otra vez, el pueblo no tiene otra opción que buscar alternativas, tocar puertas privadas, endeudarse, improvisar o sacrificar lo poco que tiene para poder recibir la atención mínima que debería estar garantizada.
Pero esta vez el pueblo no solo quiere resolver, quiere que lo respeten. Y cuando un pueblo exige respeto, la historia cambia.

Porque la salud no es un lujo.
No es un privilegio.
Es un derecho. Y es demasiado sagrado para dejarlo caer en silencio.