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QUE LA SIMPATÍA NO SE DESBORDE: ¡LA UNIDAD DEL PRM DEBE ESTAR POR ENCIMA DE TODAS LAS ASPIRACIONES!

AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. A medida que se acerca el año convencional, en el que el PRM deberá elegir a su candidato o candidata presidencial, comienzan a intensificarse las pasiones, a multiplicarse las diferencias y a elevarse el tono de las discusiones internas. Ante esta realidad, considero oportuno hacer un llamado firme a la cordura, la prudencia, el respeto mutuo y, sobre todo, a la preservación de la unidad de nuestra organización política.

Durante mucho tiempo se afirmó que el PRM no sería capaz de ganar dos períodos consecutivos y, al mismo tiempo, mantenerse unido. Hoy tenemos la responsabilidad histórica de demostrar que quienes pensaban así estaban equivocados. No podemos permitir que las ambiciones personales, las simpatías particulares ni las legítimas aspiraciones de nuestros dirigentes terminen destruyendo lo que juntos hemos construido con tanto esfuerzo, sacrificio y esperanza.

En días recientes, el compañero presidente Luis Abinader, recién electo presidente de nuestro partido, expresó que él representa una garantía para la unidad de nuestra organización. ¡Qué bueno que el presidente tenga la autoridad moral y la calidad política para contribuir a la estabilidad y la cohesión del PRM! Sin embargo, la unidad no puede descansar únicamente en el liderazgo de una persona. Es una responsabilidad colectiva que compromete a todos: dirigentes nacionales, legisladores, alcaldes, funcionarios, aspirantes y militantes de cada rincón del país.

Por eso, resulta imprescindible que nuestras principales figuras políticas actúen con prudencia al emitir sus declaraciones, midan el alcance de sus palabras y comprendan que, en momentos de efervescencia política, una expresión desafortunada puede provocar daños mucho mayores de lo que imaginamos.

A propósito de las declaraciones de nuestro combativo y emotivo líder Chu Vásquez, considero oportuno recordar que la pasión política no debe llevarnos a cruzar límites que después resulten difíciles de recuperar. Podemos tener diferencias, defender posiciones y respaldar candidaturas distintas, pero nunca debemos olvidar que pertenecemos a una misma organización y que, por encima de cualquier aspiración individual, debe prevalecer el compromiso con nuestro partido y con el país.

Las heridas que nos provoquemos durante el proceso convencional no deben ser tan profundas que se conviertan en cicatrices permanentes. Una convención debe servir para escoger democráticamente a quien tenga la responsabilidad de representarnos, no para sembrar resentimientos, destruir amistades políticas ni levantar muros entre compañeros que mañana tendrán que caminar juntos.

Esta misma reflexión se la hago a nuestro alcalde, Dio Astacio. La prudencia no solo debe estar presente en las palabras, sino también en los hechos, las decisiones y las actuaciones. A veces, los gestos y las acciones pueden lastimar tanto como las declaraciones, y sus consecuencias pueden prolongarse mucho más allá del momento en que se producen.

¡No perdamos de vista lo verdaderamente importante! La convención pasará, las candidaturas se definirán y las aspiraciones encontrarán su desenlace. Quien resulte ganador necesitará de quienes no hayan sido favorecidos, y quienes no resulten ganadores también deberán comprender que el triunfo de una candidatura del partido debe convertirse en una causa común. Ningún proyecto político individual puede estar por encima del destino colectivo de nuestra organización.

No podemos pedir unidad después de haber contribuido a la división, ni reclamar lealtad después de haber sembrado desconfianza. La unidad se construye desde ahora, con respeto, humildad, tolerancia y la disposición sincera de reconocer que nadie tiene el monopolio del partido ni puede atribuirse en exclusiva el derecho de representarlo. El PRM es mucho más grande que cualquiera de sus dirigentes y debe ser mucho más fuerte que cualquier diferencia coyuntural.

 


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