AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Por Abril Peña.
Este 5 de abril, Día del Periodista en República Dominicana, más que felicitar a quienes ejercen esta profesión con entrega y valentía, urge detenernos a reflexionar sobre el estado actual del periodismo, sus desafíos más urgentes y el rumbo que está tomando en un mundo donde la información ya no solo viene de los medios… sino de todos lados.
Porque sí: ser periodista en este país —y en esta época— es más que un oficio, es una convicción. Es elegir cada día el camino más difícil, en una de las profesiones peor remuneradas, más vulnerables y menos reconocidas del entorno laboral nacional. Y, sin embargo, seguimos. Seguimos contando historias, investigando lo que incomoda, cuestionando el poder y alertando a la sociedad.
Pero hoy el periodista ya no compite solo con otros periodistas. En la era de las redes sociales, cualquier persona con un celular y conexión a internet puede “informar”. Algunos lo hacen con responsabilidad, muchos no. Y en medio de esta saturación de voces y datos sin contexto, los influencers —aunque no sean periodistas ni estén sujetos a códigos de ética profesional— logran más credibilidad que muchos medios.
Esto no es un ataque a ellos, sino un llamado de atención a nosotros mismos como sociedad. ¿Cómo llegamos a confiar más en la opinión de una figura viral que en el trabajo de un equipo de investigación que pasa semanas verificando datos?
A este escenario se suma la llegada de la inteligencia artificial, que para algunos representa una amenaza directa al ejercicio del periodismo. Pero si algo nos ha enseñado la historia, es que la tecnología no sustituye lo humano; lo complementa. La IA no tiene ética, no tiene olfato periodístico, no siente el peso de una historia ni conoce el dolor detrás de un titular. Puede ayudarnos, sí, pero no reemplazarnos.
A pesar de todo esto, hay motivos para no perder la esperanza. A pesar de los obstáculos, el periodismo dominicano ha logrado avances importantes. Hay investigaciones que han marcado agenda, reportajes que han generado cambios concretos y periodistas que, sin más recursos que su conciencia y su voz, han logrado encender luces donde solo había sombra.
Hoy más que nunca, el periodismo debe ser valiente, ético y humano. Debe adaptarse, sí, pero sin perder el alma. En tiempos donde la verdad parece estar en oferta, ser periodista es más necesario —y más revolucionario— que nunca.
Porque sin periodismo, no hay democracia. Y sin periodistas, no hay verdad que sobreviva al ruido.