AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Por Ramón Peralta
Las plataformas modernas de analítica y escucha social procesan millones de datos en tiempo real: interacciones orgánicas, comentarios espontáneos, tendencias y conversaciones reales. Al dar seguimiento riguroso al panorama político en Santo Domingo Este, los números fríos revelan una verdad del tamaño del Faro a Colón y es que un precandidato a la alcaldía por la oposición ostenta un abrumador 60% de sentimiento positivo en las conversaciones digitales, controlando de forma absoluta la agenda pública.
Sin embargo, en días recientes hemos visto un par de sondeos digitales en los que resulta victorioso el otro aspirante; uno que, en las mediciones científicas y en el terreno real, apenas araña un raquítico porcentaje del respaldo popular, que por respeto no me atrevo a mencionar.
Para quien conoce el monstruo de la política por dentro, este contrasentido no causa el menor asombro. Quienes peinamos canas en el seguimiento a estos certámenes sabemos que el ciberespacio aguanta todo lo que le echen. ¿O es que ya olvidaron cuando en el 2015 Danilo Medina perdía sondeos digitales frente a Guillermo Moreno? ¿O cuándo en el 2022 Guido Gómez Mazara le «ganaba» encuestas de redes a Luis Abinader?
Tales incoherencias matemáticas emergen, indefectiblemente, cuando un contendiente se sabe derrotado en el terreno orgánico. Al no tener pueblo que lo contenga ni estructura que lo sostenga, renuncia a la conversación real. Pero ojo con esto: en el caso particular de Santo Domingo Este, no es el adversario interno quien está moviendo las teclas. El precandidato que hoy celebra esos muñequitos de papel es apenas una víctima útil de un poder municipal que está metiendo las manos para inflar al más débil, sembrar la zozobra y descarrilar al verdadero puntero.
Para manipular un sondeo web no se necesitan legiones de votantes de carne y hueso. Basta con un par de programas automatizados, los famosos scripts, interactuando directamente contra los servidores de las páginas. Los propios dueños de medios digitales son las primeras víctimas de esta charlatanería informática que adultera el sentir ciudadano. Un solo programa bien configurado puede registrar miles de votos por hora, en forma ininterrumpida y sin pestañear.
El equipo de estrategia del oficialismo municipal no es tonto. Saben jugar duro y tienen razones de sobra para meter la cizaña en el patio ajeno. Saben que si el actual inquilino del palacio municipal se mide en la contienda general contra el dos veces vocero de los diputados de la oposición, sus días en el cargo están contados. Pero si logran que el precandidato opositor menos popular se vuelva loco gastando lo que no tiene, creyéndose el cuento de que está «empatado» y su rival de verdad coge lucha para ganar a lo interno, las posibilidades de reelección del alcalde aumentan de forma exponencial.
Esto no es nuevo. En el 2018, Domingo Cabrera le ganaba los sondeos digitales a Luis Alberto Tejeda. Sin embargo, Cabrera, como viejo zorro de la política, no cayó en la trampa de creerse su propia película: mandó a hacer una encuesta científica de verdad y, al ver la realidad de los números frente a Luis Alberto y Karen Ricardo, recogió sus pitos y sus flautas.
Al inflar artificialmente al precandidato menos potable en los sondeos de medios compartidos, el oficialismo busca posicionar la falsa narrativa de que el candidato fuerte «está en decadencia». El objetivo es maquiavélico: obligar al puntero a gastar tiempo, recursos y energía en discusiones estériles para justificar una mentira, desviando la atención de los ataques directos que debería estar recibiendo la gestión municipal.
El poder local, temeroso de ser desplazado, cuenta con estructuras pagadas de granjas de bots diseñadas para responder en minutos a cualquier encuesta web. Hay que reconocerlo sin apasionamientos: la estrategia de guerrilla digital desplegada por el equipo que ostenta el poder es astuta, comprensible y políticamente válida dentro del juego del poder.
Lo trágico o cómico, según se mire, es ver cómo el precandidato menos popular se está creyendo la película. Mientras el oficialismo celebra el éxito de su distracción, la dirigencia opositora debe tener la cabeza fría y saber que los clics no votan, los bots no hacen filas en las mesas y la alcaldía solo se gana con la gente en la calle.
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