AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Por Tony Peña Guaba
Algunos dirán que estas reflexiones provienen de alguien vinculado al gobierno. Pero ante la historia, la política no escribe el relato: la realidad lo hace. Y la realidad que se avecina en los años 2026 y 2027 no admite adjetivos partidarios; admite evidencia. Lo que está por materializarse en la República Dominicana no tiene parangón en los registros de su historia contemporánea.
La revolución del transporte urbano
La nueva línea 2-C del metro de Los Alcarrizos ha roto de una vez por todas las frivolidades con que la maledicencia pública cuestionó esa obra durante años. Quienes apostaron por el escepticismo tienen hoy ante sus ojos rieles y vagones que transportan a miles de ciudadanos. A esto se suma el paso a desnivel de la prolongación 27 de Febrero, la licitación del nuevo tramo del monorriel de Santo Domingo para este año 2026, y la construcción del túnel que estará listo en el transcurso de este año 2026. Obras que aliviarán la presión vial del Gran Santo Domingo.
Pero la infraestructura de movilidad no se detiene ahí. La ampliación de la Línea 1-B del metro extenderá la Línea 1 desde la estación Mamá Tingó hasta Punta de Villa Mella, añadiendo 2.5 kilómetros adicionales a la red.
En Santiago, el monorriel y el teleférico representan una transformación que cambiará la geografía cotidiana de la segunda ciudad del país. A ellos se unen el ya finalizado teleférico de Los Alcarrizos y el teleférico de Herrera, actualmente en construcción.
Un dato que contextualiza la magnitud de lo realizado: en 20 años de administración del PLD se construyeron 32 kilómetros de metro y teleférico. Al término del mandato del Presidente Luis Abinader, en 8 años, se habrán sumado 28.5 kilómetros de metro, monorriel y teleférico —sin incluir la licitación del nuevo tramo del metro de Santo Domingo prevista para este 2026. Las cifras hablan con una elocuencia que ningún discurso puede superar.
Conectividad vial y circunvalaciones: tejiendo el país
La solución vial en la República de Colombia y la Avenida Jacobo Majluta, más las ya terminadas circunvalaciones de Baní y Azúa, y las que avanzan en Los Alcarrizos, Navarrete, San Francisco de Macorís y el Malecón de Nagua —que funciona como una especie de circunvalación que conecta la provincia de Samaná con la de María Trinidad Sánchez— dibujan un mapa de conectividad nacional que el país jamás había tenido en tan corto período de tiempo.
Las ampliaciones de la Avenida Hípica, la Ecológica y la Autopista de San Isidro —hoy principal arteria comercial de Santo Domingo Este— han dinamizado y amplificado las actividades económicas, inmobiliarias y de conectividad en todo ese municipio, transformando de manera visible el paisaje urbano y productivo del este de la capital.
Los nuevos polos turísticos: la apuesta del siglo
Miches ya cuenta con cinco hoteles terminados y varios en construcción, consolidándose como un polo turístico que era apenas un sueño en los mapas de planificación. Pedernales, por su parte, representa la apuesta más inclusiva y audaz del turismo dominicano: puerto, aeropuerto, nueva terminal de cruceros en Cabo Rojo ya terminada, y hoteles en fase final de construcción. El salto cualitativo que estos desarrollos representan para la economía nacional y para las comunidades que históricamente han permanecido al margen del turismo es difícil de valorar.
Educación, salud y protección social: el Estado que llega a todos
Los números de la transformación social son igualmente contundentes. El país pasó de 8 a 67 centros del INFOTEP. De 34 comedores económicos a 159. De 2 institutos tecnológicos de Las Américas (ITLA) a 12. Las nuevas extensiones de la UASD en Bahoruco, Peravia, Azúa, Hato Mayor, Sánchez Ramírez, Santo Domingo Oeste, Santiago Rodríguez y Santo Domingo Este en construcción, han llevado la educación formal y técnica al territorio nacional con una cobertura sin antecedentes.
El programa Oportunidad 14-24 del Gabinete Social ha convertido a 24,200 jóvenes que ni trabajaban ni estudiaban en profesionales técnicos certificados, con 7,000 más en espera de graduación, sumando más de 31,000 vidas transformadas. El programa TRAE de transporte estudiantil y la red hospitalaria con remozamiento y construcción de nuevos hospitales completan un cuadro de intervención social de una amplitud que pocas administraciones han podido exhibir.
En materia de protección social, el parque de beneficiarios del programa Supérate —sucesor de la antigua tarjeta Solidaridad— se duplicó, de 800,000 a un millón y medio de hogares, y el monto de la ayuda pasó de 825 a 1,650 pesos.
A esto se suman 80,000 pensiones solidarias y nuevos bonos de emergencia, materno, estudiantil y navideño, que han llevado alivio económico a millones de dominicanos en los segmentos más vulnerables de la sociedad.
La economía: los números que miden el tamaño del cambio
Para calibrar el tamaño de esta transformación, los indicadores macroeconómicos resultan reveladores. El Producto Interno Bruto per cápita pasó de 8,000 dólares en 2020 a 11,919 dólares en la actualidad. El PIB total del país creció de 78,000 millones de dólares en 2020 a 129,000 millones de dólares en 2025. La estimación técnica señala que para 2028 se habrá duplicado el PIB respecto a 2020, lo que situaría a la República Dominicana entre las economías de más rápido crecimiento de la región.
El relato pendiente
Con honestidad intelectual hay que reconocer que una de las debilidades más notorias del actual período de gobierno es precisamente la incapacidad de narrar y replicar adecuadamente sus propias obras.
Parafraseando al inmortal Gabriel García Márquez, parecería que el coronel no tiene quien le escriba. , pero en este caso el Presidente si tiene un político que le escriba y diga estas verdades que se pueden constatar, la evidencia existe: más de 2,000 obras en todo el territorio nacional, documentadas en un compendio digital cuyas evidencias físicas están ahí para quien quiera verificarlas.
Ningún gobierno en sus primeros ocho años ha podido presentar una obra tan tangible y concentrada en infraestructura prioritaria como la del presidente Luis Abinader. Las campañas difamatorias existen, como han existido siempre en la política dominicana. Pero la realidad tiene una ventaja sobre la difamación: se puede ver, tocar y medir. Y lo que viene en 2026 y 2027 confirmará, con acero, concreto y cifras, que esta fue la administración que más construyó en la historia contemporánea de la República Dominicana.


