LA MARCHA DEL PUEBLO: UNA LECCIÓN DE CIVISMO, UN DERECHO CONSTITUCIONAL Y UNA DEMOSTRACIÓN DE MADUREZ DEMOCRÁTICA

AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.

Dulcenis Trinidad
Miembro del Comité Central FP

La Fuerza del Pueblo es la organización que está dando la cara por el país.
En un contexto de inflación, inseguridad, apagones, desigualdad y servicios deteriorados, la oposición responsable es aquella que se levanta cuando el pueblo cae, que habla cuando la gente calla y que defiende cuando el gobierno falla.

La Marcha del Pueblo es prueba de una oposición madura, organizada y profundamente comprometida con las causas sociales. La Fuerza del Pueblo cumplió con la Constitución, respetó la ley, actuó con civismo y canalizó un malestar social real.

La Marcha del Pueblo fue y seguirá siendo un símbolo de dignidad nacional, una afirmación moral, una defensa legítima, una movilización histórica.

Lo ocurrido el domingo 30 de noviembre envió un mensaje contundente, el PRM no puede seguir fingiendo que no escucha. La gente está cansada de promesas vacías, cansada de maquillajes mediáticos y cansada de un gobierno que prefiere justificar sus fallas en vez de resolver los problemas reales que hoy golpean el corazón del pueblo dominicano.

La Marcha del Pueblo demostró, sin lugar a dudas, que el silencio oficial no detiene a una ciudadanía consciente, que sabe lo que vive, lo que sufre y lo que exige. Si el gobierno insiste en minimizar el descontento social, será el mismo pueblo quien vuelva a recordarle con serenidad cívica y contundencia moral que la paciencia dominicana tiene límite, y que gobernar no es un privilegio, es una responsabilidad que ya dejaron de cumplir.

Santo Domingo se transformó en el escenario vivo de la dignidad. Miles de personas caminaron con orden, respeto y firmeza. No para promover candidaturas. No para hacer campaña. No para pedir votos.

Sino para exigir soluciones. Para exigir respeto. Para exigir vida digna.

No fue un acto proselitista.

No fue una actividad electoral.

Fue, jurídicamente y en términos reales, una manifestación social, protegida por la Constitución y plenamente legitimada por las circunstancias que atraviesa el país.

La marcha, que partió desde puntos emblemáticos de la capital y recorrió barrios históricos del Distrito Nacional, fue plural, transversal y profundamente humana. Vecinos, trabajadores, jóvenes, líderes comunitarios, madres, padres y ciudadanos comunes se unieron para denunciar tres males que hoy asfixian al país:

  • El alto costo de la vida
  • La inseguridad
  • El deterioro de los servicios públicos

Desde el aire, las tomas de drones mostraban una marea ciudadana que llenó avenidas y parques. Esas imágenes, difundidas orgánicamente en redes sociales por activistas y cuentas oficiales, dimensionaron la magnitud de un movimiento que brotó del pueblo y para el pueblo.

 

 MARCO JURÍDICO QUE AMPARA LA MARCHA DEL PUEBLO

  1. Derecho constitucional a la protesta pacífica

La Constitución Dominicana protege de manera absoluta el derecho ciudadano a reunirse y manifestarse pacíficamente:

  • Art. 48: Derecho de reunión
  • Art. 49: Libertad de expresión
  • Art. 47: Libertad de asociación
  • Art. 75: Deber de los ciudadanos de velar por el respeto de los derechos y deberes fundamentales

La protesta social no solamente es legítima, es constitucionalmente sagrada. Ninguna ley electoral puede anular este derecho.

  1. Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos

Esta ley regula el funcionamiento de los partidos. Sin embargo, no prohíbe que un partido convoque protestas sociales siempre que no promueva candidaturas.

  1. Ley 20-23 Orgánica del Régimen Electoral

El Artículo 308, numerales 4 y 5 prohíbe mítines, marchas o actos de campaña cuando su finalidad sea electoral y promuevan candidaturas fuera del período autorizado.
Esta disposición no aplica cuando se trata de manifestaciones ciudadanas sobre temas sociales, de naturaleza no proselitista.

  1. Resolución 53-23 de la JCE

La JCE prohíbe vallas, mítines y caravanas de campaña o precampaña. La Marcha del Pueblo NO promovió candidaturas, NO usó consignas electorales y NO presentó aspirantes.

Fue una marcha temática, social y reivindicativa, categoría totalmente distinta.

  1. Ley 30-06 sobre símbolos partidarios

Si, Fuerza del Pueblo usó sus colores y símbolos, lo hizo dentro de su derecho legal, pues la misma ley protege la exclusividad del uso de esa simbología.

Esto no convierte la actividad en campaña: los partidos no pierden su identidad visual cuando realizan actividades sociales, educativas o comunitarias.

 

LA MARCHA DEL PUEBLO NO CONSTITUYE PROPAGANDA ELECTORAL ANTICIPADA

  1. No hubo promoción de candidatos

No se anunciaron aspirantes.
No se mostraron fotos de precandidatos.
No se hicieron consignas electorales.

  1. No se pidió el voto

No hubo mensaje electoral alguno.
El reclamo fue social, no electoral.

  1. Tema exclusivamente social

Costo de la vida.
Inseguridad.
Servicios públicos.
Apagones.
Inflación.

Todos estos son temas de interés público, no temas electorales directos.

 

LA PROPIA JCE RECONOCE EN SU MARCO NORMATIVO

Que una protesta ciudadana no es un acto proselitista cuando su objetivo es social y reivindicativo. En un Estado social y democrático de derecho, los derechos fundamentales siempre prevalecen sobre las restricciones administrativas.

Quiero reconocer a quienes trabajaron lado a lado, la entrega de cada compañero y compañera que hizo posible esta jornada. A los que coordinaron rutas, a quienes manejaron la logística, a quienes realizaron las tomas y la difusión, a la militancia cuyo compromiso movió el corazón de esta movilización, a los vecinos, líderes comunitarios, familias y juventud que caminaron con civismo.

Gracias por poner el cuerpo y el corazón, gracias por demostrar que la dignidad dominicana no se rinde, gracias por recordarle al país que la ciudadanía está viva, despierta y consciente.

La Marcha del Pueblo fue una protesta pacífica, ordenada, masiva y profundamente social. Fue una lección de civismo en un país donde la voz popular muchas veces se intenta ahogar con la rutina, la burocracia o el silencio gubernamental.