LA IMPORTANCIA DE LA VEEDURÍA Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA.

Josué Rivas

En estos últimos días he podido percibir la importancia de la participación ciudadana para crear un Estado eficiente en el cumplimiento de sus funciones públicas. Cuando la veeduría ciudadana funciona, los actores políticos y los servidores públicos no tienen otra opción que realizar un trabajo de calidad, enfocado en la optimización de los recursos y los servicios.

Todos estos puntos son significativos para alcanzar una democracia plena, con garantías jurídicas que aseguren que el Estado pueda cumplir su rol como protector y garante de los procesos fundamentales, proyectándose, en última instancia, en el buen funcionamiento de la cosa pública.

No es asunto de un partido ni de un sistema en particular; es una responsabilidad colectiva. Como ciudadanos que aportamos al fisco, tenemos la obligación de vigilar que dichos actores cumplan su rol, el cual está establecido en las leyes, pero que debe llevarse a la práctica. A veces se puede identificar en qué contextos se rompen los controles de seguridad establecidos por el propio Estado, los cuales han sido fortalecidos durante años para garantizar el cumplimiento de los procesos.

En este sentido, se apuesta por un liderazgo ético, capaz de crear las condiciones necesarias para que no se vulneren dichos procesos, que al final están supervisados por personas. Todos somos claves para el buen funcionamiento del Estado.

La educación, la política y el respeto a las leyes ya establecidas solo tienen un valor real si quienes las ejecutan son responsables, capaces y, sobre todo, tienen la intención genuina de ser efectivos en los hechos. El pueblo es fundamental para elegir ese tipo de perfiles; por eso existe una vieja frase que lo resume bien: “Cada pueblo tiene el gobernante que merece”.

Los partidos políticos se trazan visiones y misiones claras, siempre orientadas a los buenos valores y, sobre todo, a la sana convivencia de sus actores. Como personas que participamos en el accionar político, nunca debemos desistir; por el contrario, debemos contribuir al bienestar social, cuyo rol se manifiesta en el fiel cumplimiento del deber.