AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. Ayer, Santo Domingo se vistió de ciudadanía activa. La Marcha del Pueblo convocada por la Fuerza del Pueblo reunió a miles de personas en una demostración masiva de descontento y esperanza; ciudadanos y ciudadanas salieron a la calle para exigir soluciones ante el alto costo de la vida, la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos, dejando constancia de una protesta ordenada y de alto impacto social.
La movilización que partió desde puntos céntricos de la capital y atravesó barrios emblemáticos del Distrito Nacional tuvo un carácter plural y transversal. Vecinos, organizaciones sociales y miembros del propio partido caminaron juntos reclamando dignidad, mejores condiciones y respuestas concretas del Estado. Las razones que animaron la jornada, la inflación, los apagones, la inseguridad, fueron repetidas por autoridades del movimiento y por la ciudadanía presente como el motor de la protesta.

Lo que se vivió en las calles quedó también documentado desde el aire. Tomas panorámicas captadas con drones muestran la marea ciudadana de participación que llenó avenidas y parques, imágenes que circularon con rapidez en redes y que ayudaron a dimensionar la magnitud de la marcha. Estas piezas audiovisuales, compartidas por cuentas oficiales y por activistas en Instagram, confirmaron la amplia presencia popular y sirvieron de puente informativo para quienes no pudieron estar físicamente.
Quiero reconocer a quienes trabajaron lado a lado, la entrega de cada compañero y compañera que hizo posible esta jornada. A los que coordinaron rutas, a los encargados de logística, a quienes gestionaron las tomas y la difusión, y a cada militante que aportó con su presencia, gracias. A los vecinos, líderes comunitarios, a la juventud, por poner el cuerpo y por demostrar que la ciudadanía dominicana está viva, consciente y dispuesta a reclamar su dignidad. Ese compromiso es la prueba viva de que la ciudadanía organizada no se rinde y que la política, cuando se hace desde el pueblo, tiene rostro humano y esperanza.
La Marcha del Pueblo no solo fue una protesta, fue una lección de civismo. En un país donde la voz popular muchas veces queda ahogada por la rutina, esta movilización recuperó la palabra pública y la posibilidad de exigir mejores respuestas. Si hay una lectura clara, es la del empoderamiento ciudadano; cuando la gente se une, las demandas se vuelven imposibles de ignorar.
Lo ocurrido ayer envía un mensaje, que el PRM no puede seguir fingiendo que no escucha. La gente está cansada de promesas vacías, cansada de maquillajes mediáticos y cansada de un gobierno que ha preferido justificar sus fallas antes que resolver los problemas reales del país.
La Marcha del Pueblo dejó claro que la ciudadanía no le teme al silencio oficial ni a las narrativas prefabricadas; el pueblo sabe lo que vive, lo que sufre y lo que exige. Si el PRM insiste en minimizar este descontento, será el mismo pueblo quien se encargará de recordarle que la paciencia dominicana tiene límite y que gobernar no es un privilegio, es una responsabilidad que ya dejaron de cumplir.
