Agenda Oriental, Santo Domingo Este.-
En San Isidro, la mañana suele abrirse entre el zumbido de los motores, el brillo metálico de las aeronaves bajo el sol y el paso firme de los hombres y mujeres que sostienen la defensa aérea del país. En esa base, donde cada despegue parece reunir disciplina, técnica y sentido de soberanía, la Fuerza Aérea de República Dominicana vivió entre 2022 y 2024 una etapa de transición bajo el mando del mayor general técnico de aviación Carlos Febrillet Rodríguez, un oficial cuya gestión buscó mirar más allá de la pista y los hangares para convertir la experiencia acumulada de la FARD en una plataforma de futuro.
Su gestión no se explica únicamente por compras de aeronaves o actos oficiales. Se entiende mejor desde una idea de fondo: convertir la experiencia técnica acumulada por la FARD en una plataforma de futuro. Febrillet Rodríguez, formado en el mundo del mantenimiento, la ingeniería aeronáutica y las operaciones militares, impulsó una visión en la que operar un avión debía ir acompañado de saber sostenerlo, repararlo, entrenar personal y proyectar capacidades propias.
La modernización de la flota fue el punto más visible de esa hoja de ruta. Durante su período como comandante general, la FARD vinculó su estrategia operacional con aeronaves destinadas al entrenamiento, la movilidad aérea, el patrullaje, el rescate y la respuesta ante emergencias.
En ese mapa figuran helicópteros AW169 de Leonardo, aeronaves TP-75 Dulus y aviones de entrenamiento E-26 Tamiz/T-35 Pillán, equipos cuya incorporación ha sido sustentada en informaciones institucionales y comunicaciones oficiales. La FARD informaron sobre el recibimiento de aeronaves AW169 en la Base Aérea de San Isidro, mientras fuentes oficiales han presentado el avance del programa TP-75 Dulus como parte del proceso de fortalecimiento de capacidades aeronáuticas nacionales.
En el caso de los helicópteros AW169, su incorporación representa una apuesta respaldada por la línea de modernización promovida por el mayor general Febrillet Rodríguez: plataformas modernas, versátiles y con capacidad para misiones de apoyo institucional.
Pero el proyecto más simbólico de esa etapa fue el TP-75 Dulus. Desarrollado con participación de la empresa italiana Fly Legend, el programa fue presentado como una experiencia de ensamblaje local, entrenamiento y patrullaje aéreo. Su importancia no está solo en la aeronave, sino en lo que representa: una señal de que la República Dominicana puede comenzar a construir conocimiento propio en un sector altamente especializado.
Asimismo, la adquisición de aviones E-26 Tamiz/T-35 Pillán procedentes de España fue presentada como una decisión orientada a fortalecer el entrenamiento de pilotos y asegurar disponibilidad de repuestos durante un período determinado. De acuerdo con informaciones oficiales vinculadas al proceso, la operación incluyó siete aeronaves adquiridas al Ejército del Aire y del Espacio de España, dentro de una agenda enfocada en ampliar las capacidades formativas de la FARD.

Esta visión promovida por Febrillet Rodríguez coloca al componente aeronáutico de la FARD en una dimensión estratégica: cada compra, cada acuerdo de mantenimiento y cada proceso de entrenamiento forman parte de una arquitectura más amplia dirigida a asegurar que el país cuente con plataformas adecuadas, personal preparado y una estructura técnica capaz de sostener la defensa aérea en el tiempo.
Contratos de piezas y mantenimiento
Como ocurre en toda transformación militar, el componente internacional fue clave. Fabricantes, proveedores, técnicos extranjeros, acuerdos de mantenimiento, entrenamiento y repuestos forman parte de un ecosistema donde cada decisión exige cuidado. En ese terreno, la gestión de Febrillet Rodríguez buscó abrir puertas para que la FARD explorara opciones modernas y fortaleciera sus capacidades operativas sin perder de vista la necesidad de sostenerlas en el tiempo.
La fortaleza de esa ruta descansa en la articulación de contratos, garantías, mantenimiento, transferencia de conocimiento y beneficios operativos para la institución. Presentados desde fuentes oficiales y documentos institucionales, esos elementos permiten contar la historia con mayor solidez, transparencia y sentido público, dentro de una narrativa centrada en la modernización y el fortalecimiento de la FARD.
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