AGENDA ORIENTAL. – En la vorágine de nuestros días, el ser humano parece haber olvidado la esencia misma de vivir. La rapidez con la que la tecnología y las redes sociales nos empujan a estar conectados, a consumir información y a compararnos con ideales inalcanzables, ha transformado nuestra existencia en una carrera constante contra el tiempo. La demanda de responder a la inmediatez del mundo digital ha robado protagonismo a las pequeñas cosas que, en realidad, dan sentido a nuestra vida.
Hoy, el estrés de mantener el ritmo, de no quedar atrás en las plataformas virtuales, ha hecho que la experiencia de disfrutar un amanecer, una conversación pausada o un libro en calma se vuelva un lujo que no siempre podemos permitirnos. La búsqueda de validación en likes y seguidores ha desplazado el valor auténtico de nuestras relaciones y momentos, llevándonos a vivir en una ilusión de perfección que solo existe en las pantallas. En ese afán de encajar en los estereotipos que impone la sociedad digital, muchos jóvenes viven una vida acelerada y superficial, persiguiendo una imagen que no refleja su verdadera esencia. Es importante recordar que los modelos que vemos en internet son construcciones, seres humanos que, al igual que nosotros, enfrentan sus propias inseguridades y desafíos.
La globalización y el desarrollo tecnológico han llevado a una sociedad más conectada, pero también más frustrada. La comparación constante y la presión por cumplir con estándares imposibles generan un sentir de insatisfacción que afecta la salud mental y el bienestar emocional. La búsqueda de felicidad en lo material o en la perfección digital nos aleja de lo que realmente importa: la sencillez, la autenticidad y la gratitud por las pequeñas cosas.
Por eso, es momento de volver a nuestras raíces. Reconectar con nuestro entorno natural, disfrutar de un amanecer o una puesta de sol, compartir una charla sincera con un ser querido o sumergirnos en un buen libro son acciones que nos ayudan a reencontrar nuestro equilibrio interior. La verdadera riqueza reside en esos momentos simples que, al final del día, son los que realmente dejan huella en nuestro alma.
Hagamos un esfuerzo consciente por desacelerar, por valorar lo que tenemos y por redescubrir la belleza de vivir en el presente. Solo así podremos recuperar el protagonismo de lo auténtico y encontrar sentido en un mundo que, aunque cambiante, siempre tendrá en lo simple su mayor valor.
Por: Dayanara Rivera de Campos

