AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Por Ramón Peralta
Miguel Fortuna no es un político convencional. Es, sin exageraciones, una auténtica máquina de buscar votos. Graduado en la universidad de la calle, formado en el contacto directo con la gente, aprendió antes en los barrios que en los libros que la política es, ante todo, sensibilidad social y conocimiento del alma humana.
Su experiencia como representante de grupos artísticos, su trayectoria como emprendedor y hombre de negocios, y su convivencia cotidiana con la realidad popular lo han convertido en un fino conocedor de la psicología de las masas. Fortuna no improvisa: observa, escucha y conecta. Como quien reconoce la música escondida en los silencios de un barrio, sabe cuándo hablar y cuándo simplemente estar presente.
Militante del equipo de Hipólito Mejía, Fortuna ha sabido mantener buenas relaciones incluso con quienes apoyan otras corrientes internas. Hoy respalda a Carolina como candidata presidencial, y su habilidad para tender puentes lo convierte en un imán político: atrae personas de otros equipos hacia Carolina, logrando que votantes y dirigentes que podrían sentirse desplazados encuentren en él un puente confiable. Esa capacidad de unir y conectar lo transforma en un articulador natural, en el centro de un entramado político donde la lealtad se mezcla con la persuasión y la intuición social.
Como presidente del Concejo de Regidores, una posición difícil y ampliamente ambicionada, ha demostrado habilidad para navegar aguas turbulentas. Ha logrado consensos incluso en temas controvertidos. Y no es casualidad. Su vida le ha enseñado a moverse con soltura tanto en una torre de Alma Rosa, conversando con sectores de clase media alta, como en un callejón humilde de La Francia, compartiendo un café o una presidenta media caliente en un vaso plástico sin protocolos ni formalidades. Esa doble vivencia le permitió entender qué quiere la gente… y cómo lo quiere.
Fortuna sabe cómo piensa cada regidor y qué aspira cada concejal. Ha aprendido de sus errores y no presume de santidad. Se presenta como un hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos. No vende la imagen de Salvador; gana respaldo proyectándose como un igual que comprende la realidad del otro. Detrás de su sonrisa permanente hay un hombre profundamente empático. Conecta con la gente humilde más desde lo afectivo que desde lo racional. Su fortaleza en Villa Duarte y zonas aledañas no es producto del azar, sino de esa conexión emocional sostenida en el tiempo.
Tiene intuición política. Percibe movimientos antes de que se expresen abiertamente. No es brujería; es lectura social del entorno, la memoria viva de las calles y los barrios. Conoce el terreno que pisa como quien reconoce cada surco de la tierra que labra.
Sus adversarios lo etiquetan como clientelista, como un político que gestiona ayudas sociales para sus electores. Pero quienes lo conocen de cerca saben que su principal motor es la compasión. Se siente comprometido a tender la mano, aunque sea con la comida de un día.
No es perfecto. A veces prefiere evitar el conflicto en lugar de enfrentarlo directamente. Y su tendencia a idealizar personas podría traerle decepciones futuras. La política suele cobrar caro el exceso de confianza.
Hoy, 19 de febrero, es su cumpleaños. Podría decirse que posee la paciencia de un criador de ovejas y la mirada atenta del campesino que detecta cualquier cambio en el comportamiento del ganado para prevenir problemas. Esa prudencia lo llevó a comprender que el 2024 no era el momento adecuado para aspirar al Congreso. Optó por continuar como regidor, y hoy preside el Concejo.
Aunque ha militado durante años con lealtad en el equipo de Hipólito Mejía y se ha mantenido respetuoso de la institucionalidad partidaria, en el fondo es un hombre independiente, capaz de tomar decisiones propias. Es práctico: busca soluciones rápidas y funcionales a los problemas que se le presentan
El 19 de febrero de 2028 serán las elecciones municipales en Santo Domingo Este , justamente su día de cumpleaños. Deseo sinceramente que, si Fortuna no aspira a diputado y decide seguir como regidor, su comunidad lo marque en las urnas como regalo de cumpleaños y, al mismo tiempo, en una votación quirúrgica, mande al carajo al mitómano que se cree dueño de la ciudad. Aunque eso le cueste a mi amigo Fortuna la presidencia del Concejo, mi afecto por él es real, y las diferencias políticas nunca son personales.


