El improductivo debate político y la agenda que el país necesita

Aunque una amplia franja social no perciba hoy la política como un instrumento esencial, lo cierto es que de ella depende, en gran medida, la solución de nuestros problemas sociales y la garantía de la estabilidad económica y de gobernabilidad necesarias para el desarrollo y progreso del pueblo dominicano. Aunque parezca un poema —pero no lo es—, lo que se debate, lo que se discute y lo que predomina como agenda política y social resulta determinante para establecer el orden de prioridades y la atención efectiva de los grandes desafíos nacionales.

Por esa razón, el Gobierno, como eje central de las políticas públicas y responsable de la conducción del Estado, debe propiciar y liderar una verdadera agenda nacional. Detrás de ella deben articularse los partidos políticos, los sectores económicos, los influyentes medios de comunicación y, si se quiere, lo que aún nos queda de sociedad civil organizada.

Un debate estéril

Tomando como referencia los últimos seis meses del debate político y social —sin menospreciar algunos temas relevantes—, lo que ha predominado es una narrativa repetitiva y empobrecedora:
“ellos robaron ayer y estos roban hoy”;
que si van a nombrar a fulano aquí o a quitar a mengano allá;
que si tal político es bueno y el otro es el malo;
debates anticipados sobre alianzas o no alianzas;
que si va a ganar el ministro o la alcaldesa.

En definitiva, una discusión estéril e improductiva para el desarrollo político y para avanzar hacia las grandes soluciones que ameritan nuestra atención, si de actuar con responsabilidad se trata.

Las preguntas que no se están haciendo

¿Dónde están los acuerdos?
¿Cuáles estudios sustentan las decisiones?
¿Qué pacto social y político estamos discutiendo sobre salud, educación y energía?

¿Cómo avanza realmente la reforma policial?
¿En qué punto se encuentra la revisión de la reforma a la seguridad social?
¿Cómo estamos enfrentando el cambio climático?
¿Qué estamos haciendo frente a la migración haitiana?
¿Cómo se proyecta nuestra economía?

Y, además:
¿Qué haremos con el gasto tributario?
¿Qué con el creciente nivel de endeudamiento externo?
¿Qué con la producción del campo?
¿Qué con la competitividad de nuestro comercio exterior?
¿Qué con el alto costo de la vida que golpea a la mayoría de los hogares?

Visión 2030–2050: el desafío pendiente

Si existe voluntad política y un compromiso real con un mejor país, el debate público debe concentrarse en los temas que contribuyen a la solución de estos problemas, no en distracciones coyunturales ni en confrontaciones personalistas.

No es un dato menor que en el año 2030 vence el plazo de planificación establecido en la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo 1-12.
¿Hemos cumplido?
¿Qué nos falta?

Y, más importante aún, ¿están la clase política y social del país en condiciones de sentarse a relanzar la República Dominicana con una visión de medio siglo, bajo una Agenda 2050?

En este momento, confieso mi pesimismo.
Francamente, lo dudo.

Luis Henríquez
Abogado y político