Por: Dulcenis Trinidad – Dirección Central FP
Por más de 3 horas seguí cada palabra, cada cifra y cada promesa pronunciada por el presidente Luis Abinader en su rendición de cuentas. No por entusiasmo, no por confianza, sino para saber qué iba a decir.
Y lo que escuché fue exactamente lo que muchos dominicanos ya esperaban, una narrativa cuidadosamente construida para proyectar éxito, mientras la realidad del país sigue golpeando la vida diaria de la gente.
Hoy no se rindieron cuentas.
Hoy se vendió un relato.
El presidente habló de reducción de pobreza, de institucionalidad fortalecida, de avances ambientales, de modernización del Estado, de inversiones, de crecimiento y de estabilidad.
En su exposición, el país avanza, mejora y se transforma.
Todo parece ordenado.
Todo parece bajo control.
Todo parece progreso.
Pero ese país descrito desde el podio no coincide con el que viven millones de ciudadanos en su rutina diaria.
EL PROBLEMA DE FONDO: UN GOBIERNO QUE HABLA DE CIFRAS, NO DE VIDA REAL
La rendición de cuentas fue técnicamente organizada.
Narrativamente optimista.
Políticamente conveniente.
Pero profundamente desconectada de la experiencia cotidiana del dominicano común.
Porque mientras el gobierno habla de crecimiento:
- la gente vive apagones,
- la movilidad diaria sigue siendo difícil,
- el costo de la vida presiona,
- el tiempo se pierde en servicios ineficientes,
- el malestar social no desaparece.
- La inseguridad nos quiebra
Las estadísticas pueden mejorar. La percepción de vida no necesariamente.
LAS GRANDES PREGUNTAS QUE EL DISCURSO EVITÓ
Si el país avanza tanto
¿por qué persisten problemas estructurales que afectan directamente la vida diaria?
Si la institucionalidad es tan sólida
¿por qué servicios esenciales siguen fallando de forma recurrente?
Si el progreso es tan evidente
¿por qué la experiencia cotidiana del ciudadano no lo refleja con claridad?
Esa contradicción no fue explicada.
Fue evitada.
LA RENDICIÓN QUE NO EXISTIÓ
Rendir cuentas no es enumerar logros. Que la mayoría son falsas
Es enfrentar verdades incómodas.
Y en el discurso del 27 de febrero faltaron demasiadas:
- reconocimiento pleno de fallas estructurales,
- explicación de crisis persistentes en servicios básicos,
- autocrítica institucional real,
- responsabilidad política frente al malestar acumulado.
Se habló del país ideal.
No del país real.
ANÁLISIS ECONÓMICO
El presidente Luis Abinader afirmó que la economía dominicana creció 2.1 % en 2025, presentándolo como prueba de dinamismo económico y estabilidad. El problema es que cuando ese número se coloca en contexto histórico, la narrativa triunfalista se desmorona. Un país que venía creciendo por encima del 5 % en varios momentos ahora celebra crecer poco más de 2 %.
MI MENSAJE FINAL A LOS DOMINICANOS
Un discurso bien pronunciado no cambia la realidad.
Una cifra favorable no sustituye la experiencia diaria.
Y una rendición de cuentas no puede convertirse en una narración selectiva del país.
La República Dominicana necesita menos relatos y más soluciones. Menos triunfalismo y más reconocimiento de los problemas. Menos presentación institucional y más transformación real.
Porque un pueblo que solo escucha lo que el poder dice, corre el riesgo de dejar de mirar lo que realmente vive. Y la democracia no se sostiene con discursos. Se sostiene con realidades que la gente pueda sentir cada día en su vida


