Dos proyectos políticos muy diferentes y un solo camino: el dilema de la diputada Altagracia de los Santos entre Dio Astacio y el emprendedor David Collado Por: José Paulino

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Agenda Oriental, Articulo 

En la política dominicana, los silencios muchas veces dicen más que los discursos, y las lealtades aunque firmes no siempre son simples. Hoy, en la circunscripción No. 03 de Santo Domingo Este, se dibuja un escenario que refleja precisamente esa complejidad.

La diputada y pastora Altagracia de los Santos se encuentra, sin exagerar, entre la espada y la pared. Por un lado, está la figura del alcalde Dio Astacio, líder político y referente cercano dentro de su espacio. Por el otro, el empuje del actual ministro de Turismo, David Collado, quien se perfila como una de las principales cartas presidenciales del oficialismo.

El dilema no es menor. En política, alinearse define futuro, relaciones y, en muchos casos, supervivencia. Mientras el alcalde Dio Astacio ha optado por una postura prudente —manteniéndose al margen del respaldo abierto a cualquier aspirante presidencial—, su silencio no será eterno. Tarde o temprano, como ocurre en toda contienda, tendrá que fijar posición.

Sin embargo, la diputada Altagracia de los Santos ha decidido no esperar. Su apoyo abierto a David Collado no solo marca una diferencia estratégica, sino que también envía un mensaje claro: hay convicciones que no admiten pausas.

Esta situación plantea varias interrogantes. ¿Es este un acto de independencia política o una apuesta calculada al futuro? ¿Se trata de una decisión basada en afinidad ideológica, cercanía personal o visión de país? ¿O, simplemente, una lectura anticipada del tablero político?

Lo cierto es que este tipo de decisiones, aunque legítimas, pueden generar tensiones inevitables dentro de los liderazgos locales. La política municipal y la nacional rara vez avanzan en carriles completamente separados, y cuando se cruzan, exponen las verdaderas prioridades de sus protagonistas.

En el fondo, más allá de nombres y cargos, este escenario refleja un conflicto humano: el de elegir entre la lealtad y la convicción. Entre acompañar el liderazgo inmediato o apostar por una visión más amplia.

Al final, será el tiempo —y los resultados— quienes determinen si la diputada tomó el camino correcto. Pero lo que ya es evidente es que su decisión ha dejado de ser privada para convertirse en un hecho político con consecuencias.

Porque en política, como en la vida, no decidir también es una decisión. Y aquí, al menos una de las partes, ya eligió.