AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.-
Hay vidas que parecen escritas para el cine. La de Dayanara Torres es una de ellas.
Nació y creció en Toa Alta, Puerto Rico, en un entorno familiar sencillo y alejado del mundo de las grandes pasarelas, los reflectores y los concursos internacionales. Sin embargo, siendo apenas una adolescente, una oportunidad inesperada la llevó a participar en certámenes de belleza y cambió para siempre el rumbo de su historia. Con solo 17 años conquistó el título de Miss Puerto Rico y poco después se convirtió en Miss Universo, iniciando una carrera internacional que la llevaría hasta Filipinas, donde durante cinco años desarrolló una exitosa trayectoria en televisión, cine, teatro y música.
La modelo y actriz sostuvo una entrevista abierta y sincera con el actual ministro de Turismo, David Collado para su espacio Emprendedores.
Pero la vida también le presentó capítulos mucho más difíciles.
El final de su matrimonio, la responsabilidad de criar a sus hijos y, años después, un diagnóstico de melanoma, pusieron a prueba una fortaleza que había comenzado a construir desde muy joven.
Hoy, Dayanara mira hacia atrás con gratitud. No define su historia únicamente por la corona que ganó, sino por las veces que tuvo que levantarse después de perderla todo.
¿Qué recuerda de aquella joven de Toa Alta que un día terminó convirtiéndose en Miss Universo?
Era una niña muy sencilla. Nunca crecí pensando que iba a ser reina de belleza ni que iba a viajar por el mundo. Mi vida era muy diferente. Cuando llegó la oportunidad de participar en los concursos, realmente entré a un mundo que no conocía.
Tuve que aprender muchísimo y hacerlo rápido. Aprendí que el talento es importante, pero la preparación, la disciplina y tener la humildad de reconocer que uno todavía tiene mucho que aprender son fundamentales.
¿En qué momento entendió que aquella experiencia podía cambiar su vida?
Creo que todo pasó muy rápido. Ganar Miss Puerto Rico ya era algo que jamás había imaginado y después ganar Miss Universo fue como entrar en otra dimensión.
De repente estaba viajando, conociendo personas, trabajando y representando a Puerto Rico. Tenía apenas 17 años, así que fue una experiencia enorme y también una gran responsabilidad.
Después de la corona llegó Filipinas. ¿Qué significó esa etapa?
Filipinas fue una universidad para mí. Allí crecí muchísimo, tanto profesional como personalmente.
Llegué a un país con una cultura diferente y tuve que aprender a desenvolverme en un ambiente completamente nuevo. Trabajé en televisión, hice teatro, cine y música. También aprendí idiomas.
Pero más allá de lo profesional, Filipinas me enseñó a adaptarme. Aprendí que uno puede llegar a un lugar sin conocer absolutamente nada y, con disposición y trabajo, construir una nueva vida.
Qué cree que le dejó esa experiencia que todavía conserva?
La capacidad de reinventarme.
Creo que esa ha sido una constante en mi vida. He tenido diferentes etapas y en cada una he tenido que aprender algo nuevo. Nunca he querido quedarme solamente con lo que ya conozco.
Después de tantos años de carrera llegó la maternidad. ¿Cómo cambió sus prioridades?
Completamente.
Ser mamá hizo que muchas cosas cambiaran de lugar. Hubo momentos en los que decidí poner mi carrera en pausa porque quería estar presente para mis hijos.
Y no siento que haya perdido tiempo. Al contrario. Creo que fue una de las mejores inversiones de mi vida.
La maternidad me enseñó que no todo tiene que suceder al mismo tiempo. Hay momentos para trabajar, momentos para crecer profesionalmente y momentos para dedicarle toda tu atención a la familia.
También tuvo que enfrentar un divorcio. ¿Cómo se reconstruye una mujer después de una experiencia así?
Con mucho amor propio y entendiendo que la vida continúa.
Un divorcio no solamente afecta a la pareja. Cuando hay hijos, uno tiene que pensar en cómo manejar esa situación para que ellos se sientan seguros y amados.
Fue un proceso difícil, pero también me permitió conocerme mucho más. Aprendí que uno no puede controlar todo lo que sucede, pero sí puede decidir cómo responder.
Y cuando parecía que ya había enfrentado suficientes cambios, llegó el diagnóstico de cáncer.
El diagnóstico de melanoma fue uno de los golpes más fuertes de mi vida.
Cuando te dicen la palabra cáncer, muchas cosas pasan por tu cabeza. Piensas en tus hijos, en tu familia, en el futuro. Es un momento en el que tienes miedo.
Pero también entendí que tenía que enfrentar la situación.
Me sometí al tratamiento y atravesé momentos muy difíciles física y emocionalmente, pero nunca dejé de tener fe.
¿Qué fue lo más difícil de ese proceso?
El miedo.
Uno puede ser fuerte frente a los demás, pero hay momentos en los que está sola y tiene miedo. Para mí fue muy importante permitirme sentir, pero no quedarme ahí.
También fue fundamental mi familia. Mis hijos fueron una de mis principales motivaciones para seguir adelante.
¿Cómo habló con sus hijos sobre su enfermedad?
Con mucha honestidad, pero también con responsabilidad.
Ellos necesitaban saber lo que estaba pasando, pero yo no quería transmitirles un miedo que les impidiera continuar con sus vidas.
Creo que los hijos también aprenden de cómo los padres enfrentan las dificultades. Yo quería que ellos vieran que sí, que podemos tener miedo, pero que también podemos ser valientes.
Después de superar el cáncer, ¿cambió su manera de ver la vida?
Muchísimo. Hoy valoro cosas que antes quizás daba por sentadas. Un día tranquilo, estar con mis hijos, poder trabajar, viajar, despertar y sentirme bien. La gratitud se convirtió en una parte muy importante de mi vida.
Usted habla mucho de la fe. ¿Qué papel ha tenido en los momentos más difíciles?
La fe ha sido mi sostén. Yo siempre he creído que hay cosas que no podemos controlar y que tenemos que aprender a confiar.
Eso no significa quedarse de brazos cruzados. La fe también implica hacer tu parte, buscar ayuda, trabajar, cuidarte y seguir adelante.
¿Qué le diría a una mujer que actualmente está atravesando una crisis?
Que no piense que ese momento define toda su vida. A veces estamos viviendo una etapa tan difícil que pensamos que nunca va a terminar. Pero las etapas cambian.
Que busque apoyo, que hable, que no tenga miedo de pedir ayuda y, sobre todo, que no se abandone a sí misma.
¿Cómo nació su faceta como emprendedora?
De mis propias experiencias. Después de tantas etapas profesionales y personales, quería crear proyectos que tuvieran un significado para mí. El bienestar y el cuidado personal se convirtieron en temas importantes.
Así nació mi proyecto relacionado con el colágeno y el bienestar. Para mí no se trata solamente de vender un producto, sino de compartir una filosofía de cuidado y de recordarles a las personas que también tienen que ocuparse de ellas mismas.
Hoy también utiliza su historia para crear conciencia sobre el melanoma. ¿Por qué decidió hablar públicamente de algo tan personal?
Porque si mi historia puede ayudar a otra persona, entonces todo lo que viví tiene todavía más sentido. Muchas personas no conocen el melanoma o piensan que determinados problemas en la piel no son importantes.
Yo quiero que las personas estén atentas, que se revisen y que consulten a sus médicos. La prevención y la detección temprana pueden hacer una gran diferencia.
Después de haber vivido tantas versiones de usted misma, Qquién es hoy Dayanara Torres?
Soy una mujer que sigue aprendiendo. Ya no siento que tengo que demostrarle nada a nadie. Quiero estar bien, disfrutar a mis hijos, trabajar en proyectos que me apasionen y utilizar mis experiencias para ayudar a otras personas.
He sido reina, actriz, cantante, presentadora, mamá, paciente de cáncer y emprendedora. Pero ninguna de esas etiquetas por separado define quién soy.
Soy todas esas experiencias.
¿Qué le ha enseñado la adversidad que no pudo enseñarle el éxito?
Que el éxito puede darte muchas cosas, pero la adversidad te muestra quién eres. Cuando todo está bien, es fácil sentirse fuerte. La verdadera fortaleza aparece cuando la vida te obliga a comenzar nuevamente.
Y yo he tenido que comenzar nuevamente varias veces.
Si pudiera sentarse frente a aquella niña de Toa Alta que soñaba despierta, ¿Qué le diría?
Le diría que no deje de soñar. Que nunca piense que venir de un lugar sencillo significa que sus sueños tienen que ser pequeños.
Y también le diría que disfrute el camino, porque la vida va a tener momentos maravillosos y otros muy difíciles, pero todos van a formar parte de la mujer en la que se convertirá.
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