AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO
Por Jacobo Colón
Inicié los estudios de Periodismo en el año 1992 en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP) cuando era dirigido por Salvador Pitaluga Nivar.
Eran tiempos diferentes, en la comunicación primaba el ejercicio diáfano a la hora de hablar, comentar o escribir, para el periodista el fin principal era la verdad.
Un ejercicio del periodismo entregado y consciente de que se viviría una vida llena de limitaciones materiales, pero desarrollar la vocación y realizarse superaba cualquier carencia económica.
Ahora es diferente, el periodismo fue invadido por comerciantes de la palabra y las letras, personas que cobran por cada párrafo que escriben y cada palabra que pronuncian, también por las que dejan de pronunciar.
La comunicación se volvió un negocio sucio, como deja bastante dinero son miles los quieren ingresar a esta ocupación, la ley les permite practicarla sin estudios, sin vocación y mucho menos ética.
Muy bien expresó el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski.
“Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”
No llegué a graduarme en el Instituto Dominicano de Periodismo, solo estudié 9 meses, sin embargo, ahora me llaman “comunicador”.
Estamos en la época donde se inventan todo tipo historias para supuestamente “dar primicias” mientras más grande es la falsedad, más “Me gusta” obtendrá el farsante que elucubró el engaño.
Ahora están los llamados «comunicadores» que se amparan en la constitución de la república y los artículos que plantean la libertad de expresión para difamar, vender opiniones, ocultar hechos y realizar labores de «caliezaje»
Ahora existe una proliferación de contadores, enfermeras, abogados, ingenieros, médicos, deportistas, chineros, tricicleros, colmaderos, choferes, albañiles, etc, que se han agregado otro título al oficio que ya ejercían, “Comunicadores” ahí cabemos todos, la constitución nos ampara y protege.
Pero hay que tener cuidado para no confundir a periodistas con comunicadores, el periodista cuida lo que es el secreto profesional y guarda la fuente hasta con su propia vida, el comunicador ante el más mínimo asombro de que su nombre corra algún riesgo o por prebendas económicas revela todo al primer requerimiento.
Las informaciones sobre las fuentes tienen un precio y se comercializa.
Hace unos días envié un artículo a diferentes medios digitales dirigidos por comunicadores denunciando lo que pasa en una institución del estado, a las 10:00 PM comencé a enviar el artículo, antes de terminar, a eso de las 10:15 PM me estaba escribiendo el director de esa institución cuyo artículo le afectaba.
Alguien se ganó unos puntos con el director a costa de la verdad, de la credibilidad, de la ética periodística.
El periodismo ético no alcanza para comprar mansiones, carros de lujos, viajes ni cuentas en dólares, cuando usted los observe en esas condiciones podrá tener una idea sobre su accionar.
Robert Vargas, mi modelo de periodismo ético y moral compró una casa humilde luego de 40 años trabajando como maestro, toda su vida andaba a pies o en la cola de un motor, 5 años antes de su partida pudo comprar un carrito modesto de menos de quinientos mil pesos.
Cuando el director de la institución a la cual le escribí el articulo me llamó, solo pude pensar, ¡Cuanta falta hace Robert Vargas!