AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO.
Frederick Ferreras
Abogado
La desgarradora muerte de Brianna Genao González, una niña inocente víctima de la brutalidad a manos de sus propios tíos, es un trágico recordatorio de la realidad social que enfrentamos como país. Este caso no solo es un horrendo crimen, sino un reflejo de la fractura en los valores familiares y en el tejido moral de nuestra sociedad. Nos interpela a todos a mirar hacia adentro y cuestionarnos cómo hemos llegado a permitir que la confianza y las costumbres humanas se desmoronen ante nuestros ojos.
Brianna no es solo una víctima; es el símbolo de un sistema que ha fallado en proteger a sus más vulnerables. Los tíos, como perpetradores directos, representan una traición a la familia, pero la responsabilidad no recae únicamente sobre ellos. La comunidad, los padres, los abuelos y cada uno de nosotros tenemos un papel en este entramado fallido. El libertinaje, la dejadez y la falta de compromiso familiar han creado un ambiente donde el bienestar de los niños se vuelve secundario en comparación con otros intereses.
La historia de Brianna nos obliga a enfrentar una verdad incómoda: hemos perdido nuestras costumbres y valores que una vez nos unieron como sociedad. La confianza ha sido reemplazada por el miedo y la desconfianza, y la protección de nuestros menores ha sido relegada a un segundo plano. La falta de comunicación y la desconexión emocional entre los miembros de la familia han contribuido a este deterioro.
Es fundamental que hagamos un profundo mea culpa. Como dominicanos, necesitamos recordar quiénes somos y a qué valores aspiramos. La protección de la infancia debe ser nuestra prioridad. Necesitamos fomentar un ambiente donde el respeto, el amor y el apoyo familiar sean la norma. No podemos permitir que el miedo y la violencia se instalen en nuestros hogares. Debemos reconstruir ese sentido de responsabilidad, donde cada voz sea escuchada y cada niño protegido.
Volver a considerar nuestra responsabilidad como familia y sociedad es imperativo. No solo debemos cuestionar las acciones de quienes nos fallaron, sino también la indiferencia con la que muchas veces respondemos ante los problemas. Necesitamos unir nuestras fuerzas para fortalecer la estructura familiar, promover la educación en valores y crear espacios seguros para nuestros niños.
El legado de Brianna no debe ser uno de dolor y tristeza, sino un llamado a la acción. La lucha por su memoria es una invitación a reponernos y a recuperar lo que como sociedad hemos descuidado. Es el momento de reconstruir los lazos que nos unen y de prometernos a nosotros mismos que no permitiremos que otro niño sufra el mismo destino. Al volver a nuestros orígenes, podemos construir un futuro donde el amor y la protección sean los cimientos de nuestras familias.
