AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. La politóloga y comunicadora Angely Moreno advirtió que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta un proceso de “canibalismo político” interno que, a su juicio, podría representar un riesgo para su estabilidad y desempeño electoral si no corrige las señales de descontento entre su militancia.
En un artículo publicado en el periódico Hoy, Moreno sostiene que los partidos políticos suelen sufrir más desgaste por sus conflictos internos que por la fuerza de la oposición, y afirma que en las bases del PRM prevalece una mezcla de esperanza y preocupación ante las recientes designaciones en el Gobierno.
Según plantea, uno de los principales problemas es la percepción de que la lealtad partidaria ha dejado de ser un criterio determinante para ocupar posiciones públicas. Señala que numerosos dirigentes que trabajaron durante años por el crecimiento del PRM permanecen sin ser tomados en cuenta, mientras personas sin trayectoria en la organización o provenientes de otras fuerzas políticas han sido favorecidas con cargos.
La articulista también cuestiona que algunos funcionarios hayan sido designados mediante decretos en diferentes instituciones, situación que, asegura, alimenta la percepción de concentración de oportunidades y genera desconfianza entre la militancia.
Otro de los puntos abordados por Moreno es el denominado “canibalismo interno”, fenómeno que describe como la tendencia de algunos dirigentes a desacreditar a compañeros que comienzan a ganar liderazgo o proyección política, en lugar de concentrar esfuerzos en enfrentar a la oposición.
Asimismo, considera que el PRM enfrenta una resistencia a la renovación generacional. En ese sentido, afirma que la dirección política del partido tiene una edad promedio de 68 años, lo que, a su entender, limita las oportunidades para el relevo y envía un mensaje negativo a las nuevas generaciones.
En materia de equidad de género, Moreno sostiene que existe una brecha entre el discurso y la práctica, al considerar que las mujeres continúan enfrentando dificultades para acceder a los espacios donde realmente se toman las decisiones, pese a los compromisos públicos sobre participación femenina.
Finalmente, la autora advierte que el mayor riesgo para el oficialismo es el temor de sus propios militantes a que quienes ingresan desde otras organizaciones sean recompensados por encima de quienes contribuyeron a construir el partido desde sus inicios. Como ejemplo, menciona la incorporación de figuras como Ito Bisonó y Robertico Salcedo a la dirección ejecutiva, lo que, según afirma, ha generado cuestionamientos sobre el cumplimiento de los requisitos estatutarios.
Moreno concluye que gobernar implica atraer nuevos talentos, pero también reconocer el esfuerzo de quienes levantaron la organización. A su juicio, si la militancia llega a sentir que trabajar o no por el partido produce el mismo resultado, el problema dejará de ser organizativo para convertirse en un desafío electoral.
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