AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. – La República Dominicana enfrenta una reflexión nacional sobre dos de los mayores escándalos de corrupción de su historia reciente:la quiebra fraudulenta del Banco Intercontinental (Baninter) en 2003 y el desfalco masivo al Seguro Nacional de Salud (SENASA), cuyos procesos judiciales se desarrollan actualmente. Mientras Baninter simboliza la catástrofe económica, SENASA representa el costo humano de la malversación, desatando una ola de indignación ciudadana sin precedentes.
Hace veinte años,el colapso del Baninter, provocado por un masivo fraude contable y préstamos vinculados, desangró las arcas del Estado con un costo equivalente al 20% del PIB nacional. Miles de ahorrantes perdieron sus fondos, muchos de los cuales nunca fueron recuperados. El caso, pese a algunas condenas, dejó una secuela de desconfianza en el sistema financiero y una lección sobre la impunidad de élites económicas. Para muchos analistas, Baninter no fue solo un fraude bancario, sino un terremoto institucional que reveló las profundas fisuras en los mecanismos de control del Estado.
En contraste,el escándalo de SENASA ha destapado un desvío sistemático de más de RD$16,000 millones destinados a medicamentos, equipos y servicios de salud para los más vulnerables. La ciudadanía ha conectado directamente este saqueo con el deterioro de los hospitales públicos, la falta de insumos y, en casos extremos, con muertes evitables. Esto ha transformado la corrupción de un concepto abstracto en una experiencia visceral y cotidiana para millones de dominicanos.
Mientras Baninter generó conmoción y crisis, la respuesta social ante SENASA ha sido de indignación organizada y masivas marchas multitudinarias bajo consignas como "¡Qué se roben lo demás, pero no la salud!". Han cruzado sectores sociales, generando una demanda unánime de justicia analistas sociales señalan que este caso ha logrado lo que pocos unir a la población por encima de diferencias políticas frente a un enemigo común: la corrupción que atenta contra la vida.
El caso Baninter, pese a su magnitud, dejó una sensación de justicia incompleta hoy, el Caso SENASA es la prueba de fuego para el sistema judicial dominicano. La ciudadanía observa con atención el desarrollo de los procesos contra los imputados, exigiendo no solo condenas ejemplares, sino también la recuperación de los fondos públicos. La pregunta que flota en el ambiente es el Estado de los errores del pasado o se repetirá el ciclo de impunidad.
Con Baninter perdimos nuestro dinero con SENASA, están perdiendo vidas nuestras es diferente. El dolor es directo, ya no es solo cifras, es el sufrimiento de tu familia en un hospital público, expresó María Castillo, una de las manifestantes en las recientes protestas
Baninter y SENASA son dos caras de una misma moneda la corrupción que debilita el Estado y traiciona la confianza pública. Sin embargo, SENASA ha marcado un punto de inflexión en la conciencia colectiva, demostrando que cuando el desfalco toca un derecho fundamental como la salud, la respuesta ciudadana puede ser el antídoto más poderoso contra la resignación el desafío para las instituciones ahora es traducir esa energía social en justicia efectiva, transparencia y reformas estructurales que impidan que la historia se repita.
