El consumidor de drogas: ¿víctima del sistema o cómplice de su propia destrucción?

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AGENDA ORIENTA, SANTO DOMINGO. 

Por: Julio Cesar Garcia Mazara, MA

En el debate sobre las drogas, muchas veces se intenta presentar al consumidor como una víctima absoluta. Sin embargo, la realidad es más incómoda: el consumidor también es parte activa de un problema que crece a niveles alarmantes, tanto en la República Dominicana como en el mundo.

A nivel global, el consumo de drogas ha alcanzado cifras históricas. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga, en 2023 aproximadamente 316 millones de personas consumieron drogas, lo que representa cerca del 6% de la población mundial entre 15 y 65 años. Esto demuestra que no estamos ante un fenómeno aislado, sino frente a una conducta cada vez más extendida y normalizada.

En el caso de la República Dominicana, la situación no es menos preocupante. Solo en 2024, el Ministerio de Salud Pública reportó 962 casos de drogodependencia, reflejando una realidad que muchas veces permanece oculta.
Pero lo más alarmante es el impacto en la juventud: más del 54.9% de los detenidos por delitos relacionados con drogas tienen entre 18 y 35 años, lo que evidencia que el problema está golpeando directamente a la población más productiva del país.

A esto se suma otro dato contundente: en 2024 se incautaron más de 44 toneladas de drogas en el país y se arrestaron más de 49,000 personas vinculadas a este delito, cifras que reflejan la magnitud del mercado que el propio consumo alimenta.

Frente a estos números, surge una pregunta inevitable: ¿puede el consumidor seguir siendo visto solo como víctima?

Es cierto que muchos caen en el consumo por factores sociales como la pobreza, la falta de oportunidades o problemas emocionales. Pero también es cierto que cada acto de consumo sostiene una estructura criminal que destruye comunidades enteras. El consumidor no solo se autodestruye; también financia un sistema que genera violencia, corrupción y descomposición social.

Aquí es donde el debate se vuelve incómodo. Porque mientras algunos insisten en justificar al consumidor, las cifras demuestran que el problema sigue creciendo. Y no crece solo por la oferta, sino porque existe una demanda constante.

Sin embargo, tampoco se trata de deshumanizar. El consumidor es una persona que puede recuperarse, pero para ello necesita algo más que comprensión: necesita asumir responsabilidad. Sin ese paso, cualquier política de prevención o rehabilitación será insuficiente.

El gran error de nuestra sociedad ha sido moverse entre extremos: o se culpa totalmente al sistema o se excusa completamente al individuo. Pero los datos no mienten: el consumo es una decisión con consecuencias colectivas.

En definitiva, el consumidor de drogas no es solo una víctima, pero tampoco es completamente inocente. Es parte del problema y, al mismo tiempo, puede ser parte de la solución. Reconocer esta dualidad es el primer paso para enfrentar una realidad que ya no admite indiferencia.