"Directores de comunicación con ideas atrasadas, poca transparencia y resistencia al cambio: no es cuestión de edad, sino de mentalidad", afirma José Amador.

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En pleno siglo XXI, la comunicación es dinámica, digital y participativa. Sin embargo, algunas instituciones del Estado siguen operando con esquemas del pasado, alejados de la realidad actual.

José Amador advierte que el problema no es la edad de los directores de comunicación, sino su mentalidad. Muchos continúan viendo la comunicación como un monólogo, donde el Estado habla y la ciudadanía solo escucha. Hoy eso ya no funciona.

La sociedad exige transparencia, diálogo y acceso a la información. Pero aún persisten prácticas como el control del mensaje, la propaganda y el silencio ante las críticas. En la era digital, ocultar o retrasar información genera desconfianza y debilita la credibilidad institucional.

Además, la falta de adaptación a las nuevas plataformas y lenguajes limita la conexión con la ciudadanía. No basta con comunicados y ruedas de prensa; es necesario escuchar, interactuar y responder en tiempo real.

Para Amador, el cambio es urgente. Se necesita una comunicación pública más abierta, moderna y transparente, con profesionales capaces de entender el entorno digital y las demandas sociales.

Si el Estado quiere mantener su legitimidad, debe dejar atrás las prácticas del pasado. La comunicación no puede seguir siendo un instrumento de control, sino un puente real entre el gobierno y la sociedad.