República Dominicana en el radar del mundo

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AGENDA ORIENTAL, SANTO DOMINGO. En los últimos años, República Dominicana ha dejado de ser una promesa para convertirse en una referencia. Lo percibo así cada vez que participo en escenarios internacionales donde todos los que me abordan me dejan claro que pasamos de ser vistos con curiosidad a ser mirados con respeto.

Estamos de moda, y más que tendencia pasajera, esto es el resultado de un proyecto nacional que ha apostado por la institucionalidad, complementada con el crecimiento incluyente.

Como invitado de mi amigo el presidente de Chile, José Antonio Kast, participé de su investidura y allí coincidí con un gran número de líderes globales, así como con figuras de diferentes ámbitos que me manifestaban su admiración por nuestro crecimiento económico, nuestra estabilidad social y política.

El pasado mes de febrero, en mi rol de presidente del Centro de Análisis para Políticas Públicas (CAPP), viajé a Dubái para participar en la Cumbre Mundial de Gobiernos (WGS), donde firmamos un Memorando de Entendimiento para que su prestigioso Diálogo Regional anual fuese celebrado en la República Dominicana. Tal acuerdo fue el resultado de una extensa labor de vinculación, hecha posible gracias al renombre ascendente logrado por nuestro país, y así reconocido en un foro como este, donde convergen líderes gubernamentales, empresarios y pensadores de todo el mundo, convocados por un Estado que ya es sinónimo de prosperidad, como lo son los Emiratos Árabes Unidos.

Casualmente, un alto funcionario sudamericano comentaba que, mientras varias de las naciones de Medio Oriente y Asia ahí presentes debatían sobre quién sería el próximo Emiratos Árabes Unidos, muchos de nuestra región se preguntaban quién sería la próxima República Dominicana. Desde luego, esto no quería referirse a la espectacular riqueza exhibida por el anfitrión, sino a las metas todavía modestas que hemos logrado, como lo son la estabilidad, la atracción de inversiones y una sana alianza de lo público con lo privado.

Algo similar me ocurrió durante mi visita a Panamá para el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, organizado por CAF -Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe-. Ahí también comprobé cómo ha cambiado la percepción sobre nosotros; ministros y especialistas coincidían en señalarnos como un caso de estudio en materia de avances con cimientos democráticos. Más de un empresario comentaba: “Su país está en el radar”, haciendo la comparación con la fuga de capitales que ha causado la incertidumbre en algunos países vecinos. Muestra de eso es que en el 2025 alcanzamos cifras récord en inversión extranjera directa y en exportaciones que consolidan la diversificación de nuestra economía, dejando atrás la sobredependencia en sectores tradicionales.

Posiblemente, hace varios años la visita de un presidente electo de Chile a República Dominicana habría sido para compartirnos las bondades de su modelo de desarrollo. Pero en esta ocasión, cuando el pasado 24 de enero el presidente Abinader recibió en Santiago al apreciado amigo José Antonio Kast, los micrófonos de las cámaras presentes captaron sus primeras palabras: “Vengo a aprender de ustedes”, y así lo hizo; dentro de sus primeros decretos está la orden de construir un muro fronterizo con Bolivia.

Pero el reconocimiento internacional no es una meta en sí misma, es solo una señal de que vamos por el camino correcto y de que, así como el mundo espera más de nosotros, también nos corresponde autoexigirnos mucho más. Estar “en el radar” implica una responsabilidad mucho mayor, pues la historia nos ha enseñado que los avances también pueden revertirse.

El desarrollo demanda disciplina, visión de nación y compromiso intergeneracional. Ese es el corazón de la Meta 2036 impulsada por el presidente Luis Abinader y que busca duplicar nuestro Producto Interno Bruto (PIB) real de US$11,000 a US$22,000 en los próximos 10 años, para que, incluso más allá de este gobierno, se pueda implementar una agenda que establezca las bases institucionales como exige cualquier estrategia de mediano plazo.

Si hoy República Dominicana es vista como referencia, es porque ha decidido creer en sí misma y cada reconocimiento es un recordatorio de que aún queda mucho camino por andar. Al escribir estas líneas tengo muy claro que lo logrado es un nuevo punto de partida, y espero que también así lo crean quienes me leen.

La tarea ahora es sostener ese rumbo con madurez para fortalecer la confianza y que cada dominicano sienta en su vida diaria los frutos de una nación que progresa con oportunidades de bienestar para todos.